El polémico cambio que impulsa el atletismo y podría modificar el deporte mundial
La World Athletics impondrá la prueba genética a partir del Mundial de Tokio y marginaría a las mujeres trans y aquellas que por distintas condiciones producen más testosterona.

Pasó casi en silencio, pocos dieron cuenta de eso, pero el deporte mundial está a punto de cambiar. La Federación Internacional de Atletismo confirmó la semana pasada que a partir del Mundial de Tokio 2025 impondrá la prueba genética para limitar la participación de mujeres en las competencias de cielo abierto. La medida podría funcionar de puntapié para modificar otros deportes y despierta polémicas por ir en contra de derechos civiles.
La World Athletics decidió que quienes busquen competir en pruebas internacionales de atletismo deberán contar con un pasaporte genético que obtendrán tras someterse a una prueba de cromosomas en la que buscarán detectar si son XX o XY sin sensibilidad a la testosterona. El argumento de esta medida es proteger a la categoría femenina de las ventajas que pueden sacar tanto las personas transgénero como las que padecen una diferencia de desarrollo sexual.
Con este criterio hay muchas organizaciones de derechos humanos que empiezan a levantar la voz porque por un lado no solo discriminaría a quienes han nacido hombres y transicionaron (el caso más popular es el de la estadounidense Lia Thomas, quien tiene prohibido competir por el organismo que rige el deporte), sino a aquellas mujeres biológicas que tienen una condición que genera que sus organismos produzcan hormonas masculinas, lo que podría darle más fuerza y masa muscular.
En este último sentido, en el deporte mundial hubo dos casos recientes que son un emblema en la reivindicación del derecho a la inclusión. El más reciente se dio en los Juegos Olímpicos de París 2024 cuando la boxeadora argelina Imane Khelif obtuvo la medalla dorada y fue injustamente atacada por tener más testosterona que la mayoría de sus rivales, lo que suponía "una ventaja".
El otro caso estuvo en agenda en el atletismo desde mucho antes y la protagonista fue Caster Semenya. La sudafricana, quien dominó en la prueba de 800 metros, padece androgenismo, una condición que hace que pese a ser genéticamente mujer, no tiene útero sino unos testículos internos, lo que hace que produzca más testosterona. A raíz de eso, desde 2009 fue perseguida por la Federación Internacional de Atletismo, que poco después la suspendió y obligó a someterse a un tratamiento.
El caso escaló y el procedimiento que afrontó la atleta le generó problemas de salud, desde ataques de pánico a náuseas. Semenya volvió, fue campeona mundial en 2011 y 2017 además de obtener el oro olímpico en Londres 2012 y Río 2016, pero en 2018 hubo un nuevo quiebre: la IAAF prohibió competir a mujeres con altos niveles de testosterona en pruebas de distancias más largas y el caso fue llevado por la sudafricana al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en 2023 concluyó que el trato fue discriminatorio, pero hubo apelaciones y desde entonces se aguarda la resolución.
Por el momento, la que tomó la iniciativa fue la World Athletics y es incierto cómo continuará el conflicto sobre todo en un deporte que arrastra desde hace años reclamos de esta índole. También habrá que mantener la atención en lo que scueda con las otras federaciones. Pero si deciden avanzar, el deporte como se concibe hoy podría dar un giro trascendental.